Martin Maier. [Europeinfos] En el principio fue la idea: la unificación de Europa. En 1923, Richard Coudenhove-Kalergi escribió su libro programático Paneuropa, en el que presentó su propuesta de una federación europea de naciones-estado que abrazara desde Polonia hasta Portugal. En 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, Jacques Maritain expuso su visión de una Europa federalista edificada sobre la base de los principios cristianos.

En un artículo titulado «Europe and the Federal Idea» («Europa y la idea federal», abril de 1940) profetizó que «una Europa federalista solo puede vivir mediante el espíritu de la cristiandad. Es obvio que todos los grandes ideales pueden ser traicionados; sin embargo, queda igualmente claro que la esperanza de este ideal es la única que nos queda. Y existen suficientes signos como para poder afirmar con razón que tal esperanza se está haciendo realidad, a pesar de los fracasos y miserias inevitables en las cuestiones humanas y, quizás también, a pesar de haber tenido que volver a empezar una y otra vez».

El excanciller alemán Helmut Kohl, fallecido el pasado junio, también se encuentra entre los visionarios de una Europa unida. En 2012 escribió: «Mi visión para Europa era, y sigue siendo, la visión de los padres fundadores de Europa. Es la visión de una Europa unida; en otras palabras, una coexistencia más cercana en nuestro continente».

Durante la ceremonia conmemorativa celebrada en su honor en el Parlamento Europeo de Estrasburgo, Jean-Claude Juncker lo elogió como un verdadero patriota no solo de Alemania sino también de Europa. El expresidente de EEUU Bill Clinton declaró que Kohl había deseado un mundo en el que la cooperación fuese más importante que el conflicto: «Quiso crear un mundo en el que nadie dominara a nadie». El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, le rindió tributo: «En todas partes y en todo momento, defendió la dignidad humana contra muros, contra telones de acero y contra los regímenes totalitarios».

Este es el marco general del Congreso de Roma que COMECE, junto con la Santa Sede, organizará en el Vaticano entre el 27 y el 29 de octubre de 2017 para celebrar el sesenta aniversario de los Tratados de Roma. El tema es «(Re)pensar Europa. Una contribución cristiana al futuro de la Unión Europea». 350 participantes que representan a la Iglesia, movimientos religiosos y el mundo de la política reflexionarán (de nuevo) sobre los retos a los que actualmente se enfrenta la UE.

Durante un reciente seminario de diálogo entre las iglesias y la Comisión Europea centrado en el Libro blanco sobre el futuro de Europa, publicado en marzo de 2017, se realizó la observación crítica de que el horizonte propuesto, que apenas llegaba hasta 2025, resultaba demasiado cercano. A fin de cuentas, los padres fundadores de la unidad europea habían planteado sus visiones de futuro en plazos de varias décadas.

Un artículo titulado «Les labyrinthes du politique» («Los laberintos de la política»), publicado en primavera de 2011 en la revista cultural francesa Esprit, había propuesto ya una crítica similar. En el mundo de la política se establece una diferenciación entre dos marcos temporales: primero, una temporalidad a corto plazo que obedece a la exigencia constante de las urgencias y la presión de las elecciones y los medios de comunicación; segundo, otra temporalidad a largo plazo que se enfrenta a los mayores problemas políticos como el cambio climático, la deuda pública, la desigualdad global y los retos demográficos. El autor del artículo resulta ser Emmanuel Macron, el actual presidente de Francia.

La Iglesia ha preferido siempre el largo plazo, gracias a sus centenarias historia e independencia política. Por supuesto, el público puede preguntarse por el efecto que tantas mesas redondas y debates sobre el futuro de Europa tendrán finalmente en términos de realpolitik. El filósofo cultural alemán Georg Simmel (1858-1918) argumentó que «nada ha sucedido nunca en el mundo de la manera exacta planteada por los profetas y los grandes líderes. Pero, de no haber existido profetas y grandes líderes, no hubiera sucedido nada en absoluto». Lo mismo es cierto en cuanto a la historia y el futuro de la Unión Europea.

Europa

Imagen extraída de: Pixabay

1 COMENTARI

  1. Hablando de profecías, sería bueno recordar la de Daniel 2, aquello del reino de la amalgama parte de barro cocido y parte de hierro. Amalgama que jamás conseguirá unidad, por más que el “cuerno” que fue pequeño blasfeme y persiga a los santos del Altísimo…
    Es de vergüenza que, con la que está cayendo, alguien quede atrapado por la dulzura de la canción que personajes como Clinton, Kohl y el mismo ‘gran impostor’ puedan vocear a los cuatro vientos.
    El mundo en que «nadie dominara a nadie» ya fue creado… y por culpa de la vanagloria humana se echó a perder. Vanagloria traducida en Estados e instituciones de todo tipo (incluida eso que el autor llama “Iglesia” y que nunca se ha separado del poder político y económico) que siglos tras siglos han pretendido subyugar al individuo mediante la supuesta autonomía [cuando no rebeldía] de las criaturas de su Creador [en un par de palabras: el pecado].
    Atentamente, y ¡Maranata!

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