Jaume Flaquer. [Catalunya Cristiana] No es fácil entrar en un vagón de metro cuando muchos de sus pasajeros quieren salir. La riada de gente te empuja hacia fuera. Si a pesar de esto sigues esforzándote por entrar sin esperar que se calme el andén (con el riesgo de perder el tren), es que tienes poderosas razones para querer subir.

Ésta es la situación de los jóvenes-adultos que llaman a la puerta de la Iglesia cuando muchos de sus compañeros la han abandonado. Experiencias personales de Dios y búsquedas de sentido suelen estar detrás de estos procesos. Yo he podido ser testimonio de tres de ellos porque el azar hizo que tres jóvenes me pidiesen casi a la vez un acompañamiento. Los reuní y constituí un grupo de reunión semanal. Ellos mismos pidieron que el proceso durara más de un año. Finalmente, después de casi dos años, ya recibirán el bautismo, la confirmación y la primera comunión en la Vigilia Pascual.

Para mí, como acompañante, ha sido una experiencia extraordinaria al estar tan cerca del huracán transformador que supone el descubrimiento de la fe. Los cristianos «viejos» damos demasiado la fe como «presupuesta» de manera que hemos ido redondeando la punta de su interpelación.

Hemos escuchado tantas veces el mandamiento del amor de Jesús que hemos perdido la capacidad de la sorpresa ante el tesoro de su vida, y hemos escuchado tantas veces sus críticas a los ricos y a los fariseos que hemos hecho de este discurso algo inofensivo situándolo en una pura utopía del Reino de Dios. Quien descubre el Evangelio es el verdadero niño que Jesús pone como modelo, porque abre los ojos como platos ante lo que le parece radical novedad.

A pesar de que cada camino de búsqueda es personal, el grupo al que acompaño es bastante representativo en algo, la gran diversidad de países de origen: un catalán, un cubano y una chica chilena. Alguien podría decir que los inmigrantes buscan en la religión un elemento de integración. Pero más bien es lo contrario. En una sociedad laica, la nueva pertenencia religiosa de estos nuevos catalanes supone un nuevo elemento de extranjeridad: extranjeros de origen y extranjeros de religión en la medida en que ésta va siendo cada vez más extraña en Cataluña.

Las familias de los catecúmenos reaccionan siempre con sorpresa y a veces con oposición. De hecho, lo pueden interpretar como una cierta crítica a la educación recibida. Los padres de uno de ellos le decían: «¿Qué hemos hecho mal para que ahora quieras bautizarte?». Paradójicamente muchos padres cristianos se preguntan lo mismo en sentido inverso cuando sus hijos toman otros caminos.

Karl Rahner tenía razón cuando decía que «el cristiano del futuro será místico o no será», es decir, fruto de una experiencia de encuentro con Dios. Estos continuarán el viaje en el vagón o subirán a él en alguna estación. Los demás bajarán para caminar solos o para coger otros trenes.

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Imagen extraída de: CPAL

16 Comentarios

  1. La metáfora de la entrada y salida del vagón del metro asimilándola a una riada es muy buena y me alegra que haya tres jóvenes que quieran encontrar la fe, una especie de “hilo de agua” queriendo remontar a contra corriente. Me provoca dos preguntas.

    La una es que sabiendo siempre haya algo que cause el desmadre de un río—usualmente son las lluvias torrenciales en alguna parte de la vertiente— ¿Qué empuja a esta riada humana saliente si no es la creencia de la inutilidad del Metro desde ese punto?

    La esperanza es un factor poderoso para empujar a subir a un vagón que tantos dejan y tantos permanecen en él. ¿Adónde bajarán aquéllos y éstos? El Metro no constituye destino él mismo. El autor responde: “Estos continuarán el viaje en el vagón o [aquéllos] subirán a él en alguna estación. Los demás bajarán para caminar solos o para coger otros trenes”. (Énfasis y corchetes míos).

    No solo los ricos y fariseos han criticado al Evangelio tanto cuanto a la predicación del mismo. Los pobres también lo han desprestigiado aunque sin saberlo porque les fue “impartido” para que lo percibieran como les ha condicionado el Mundo a percibir a la lotería.

    Ha habido más de un Papa moderno que a nombre de la Iglesia ha reconocido el pecado eclesiástico y eclesial y muchas veces han escrito o hablado de justicia social, pero más énfasis ha sido puesto en el poder milagrosos de los santos y en el “pedir y recibiréis” o el “buscad y encontraréis” atribuidos a Jesús en los evangelios. Mientras tanto, en conjunto, los cristianos no hemos revalidado con nuestro actuar lo que Jesús sugirió que hiciésemos: “estuve desnudo y me vestisteis, estuve hambriento y me alimentasteis, estuve enfermo y me curasteis, estuve sediento y me disteis de beber…”

    Esta afirmación del autor “Hemos escuchado tantas veces el mandamiento del amor de Jesús que hemos perdido la capacidad de la sorpresa ante el tesoro de su vida” me parece que sea cierta aunque no sé a qué se refiere el final “el tesoro de su vida”. Este último nos tocaba mostrarlo a los cristianos clérigos o seglares acompañando a la palabra. ¿Habrá que repetir de nuevo que estos últimos años (aunque muchas otros anteriores lo mismo) ha faltado nuestro testimonio de seguimiento? Ya cansa y revuelve el estómago tener que recordar que no sea una buena indicación que haya gente que venga a los templos a buscar la esperanza y que aprender “el enunciado de la fe” no es la clave. ¿Por qué perciben el Mundo como hostil y necesitan huir a refugiarse al templo donde hace tan poco tiempo otros muchos fueron ultrajados y tantos se han sentido engañados?

    Una última anotación. Es extraordinario que el autor ponga en las familias lo que “los maestros del Evangelio jesuano” debieran preguntarse al observar ese pequeño hilo que aún quiere remontar la riada contra corriente. ¿Se habrá pasado la hora de preguntarnos curas o no « ¿Qué hemos hecho mal para que ahora quieran bautizarnos?» estos que aún nos sorprenden con su esperanza… Como el viejo dictum “los pobres me evangelizan” que dio título al olvidado librito de Joseph Bouchaud.

  2. estimado George, veo que ha dedicado tiempo a comentar el artículo. Se agradece. Plantea muchas cuestiones que vale la pena meditar. Por supuesto, el porqué muchos se bajan del vagón debería responderse siempre a partir de los criterios evangélicos que juzgan tanto a los cristianos como a las sociedades. Hay abandonos y críticas a la iglesia que nada tienen que ver con las persecuciones inherentes al evangelio sino con el pecado dentro de la Iglesia. Pero también hay desafecciones que continúan siendo continuación del rechazo de lo que significa el mensaje evangélico de prioridad por lo últimos.
    Respecto a qué significa «el tesoro de la vida de Jesús», significa simplemente a la fuerza que tiene su vida y el poder de interpelar que tiene.

  3. Gracias por responderme. Tomo nota de lo que me dice de quienes bajan pero ¿qué mueve a otros a quedarse en el vagón?

    Si se toma al Metro o al vagón como figura de la Iglesia (jerarquía + seglares) la Iglesia misma no es destino. Prefiero el evangelio de Marcos en el que las mujeres optan por no decir nada aunque (posiblemente al menos) hayan sido añadidos los dos epílogos después del versículo 16, 8. En el primero de éstos, los discípulos no las creen y cuando éstos pasan el mensaje, tampoco les creen, ni creen a los dos a quienes se apareció por el camino. Después de Mc 19, 20, Juan Mateos traduce un breve final y escribe: “Después de esto, Jesús mismo envió por medio de ellos, de oriente a occidente, el sagrado e incorruptible pregón de la salvación definitiva. Amén”

    El vagón (la Iglesia) no es en sí mismo o por sí mismo el destino. Muchos se quedan quizás porque creen no haber llegado aún y muchos por miedo a actuar con autonomía como Jesús.

    Igualmente pudiera decirse que muchos desciendan al andén porque, en efecto, hayan llegado al punto de comenzar su misión y desde luego otros descienden porque ya no creen o no pueden creer más debido a la decepción o a sentirse engañados, defraudados, etc. Incluso si como me comenta se juzga a partir de los criterios evangélicos. El pecado dentro de la Iglesia es (usando lenguaje de mercadeo, penetración del Mundo que desplaza el mensaje y el testimonio jesuano ¿o quizás no? Y por último junto a los que vienen casi que por intuición por desencanto con el Mundo, a muchos otros que regresan a recargar sus baterías.

    En esto otro que me comenta estoy de acuerdo: “Respecto a qué significa “el tesoro de la vida de Jesús”, significa simplemente a la fuerza que tiene su vida y el poder de interpelar que tiene.”

    Pero ¿no es precisamente esa fuerza la que debiera empujar a bajarse del vagón en alguna estación, al menos alguno/a en cada una de ellas, para mostrar con su vida “el tesoro de la vida de Jesús” su fuerza interpelante? No acuso a la jerarquía sino a la Iglesia. Pienso en los empleadores o patronos, empresarios inescrupulosos e injustos y la concentración de la riqueza versus la expansión de la pobreza y la gestación de una cultura de consumo y deshecho casi inmediato, creada y manipulada por las técnicas publicitarias de mercadeo. Pienso en los pobres que no reconocen la libertad de su pobreza porque no tienen “ojos para ver” ni “oídos para oír” porque la vida les aliena espantosamente empujándoles como la riada que desciende a desistir de entrar al vagón, a buscar la satisfacción inmediata y a cualquier precio.

    En definitivas lamento no estar en algún lugar (vivo en Miami, Florida, USA) dónde los grupos son conservadores y tradicionales y cada vez la religiosidad se vuelve menos significante. Además soy viejo (tengo 70 años) y lamento no ser joven para dedicar tiempo a ello. Soy emigrante cubano (hace 35 años que estoy en Miami) y en Cuba trabajé 25 años en la Acción Católica (con los Federados). Aquí, cuando me retiré de mi profesión de psicoterapeuta enseñé cinco años en el colegio de jesuitas para varones de Miami, pero me botaron porque el colegio es de muchachos ricos y conmigo (solo enseñé teología a los graduandos) podían hablar y conversar de su ateísmo o agnosticismo pero de Jesús y de la fe como duda confiada y compasión gratuita (Toni Catalá acuño esa expresión al menos la primera vez la escuché de él cuando hice los ejercicios de mes en Loyola, Azpeitia). Vivo convencido de que para ser cristiano hay que quedarse como si fuera al final del capítulo 16 de Marcos y lanzarse a la vida por Jesús sin ninguna evidencia y ni siquiera por buscarse la salvación, solo por amor y servicio al otro, haya o no haya resurrección.

    Quedarse en el vagón es permanecer en la zona segura, pero vale la pena dar la vida por los que están fuera y o no suben al vagón o se bajan desencantados o ni siquiera saben que bajo el suelo que pisan se mueve el Metro.

    En fin le doy un abrazo fuerte y le aseguro mi deseo de una Pascua alegre y bonita, llena de buenos frutos en su ministerio. Que la Paz del tal vez resucitado le acompañe siempre.

  4. gracias de nuevo.
    En la metáfora, tal como la pensaba yo, ir a los márgenes para ir a buscar a los que no están en él, era para mí seguir en el vagón, pues, estar en el vagón es seguir a Cristo. Y esa fue sin duda su vida al ir a buscar a las ovejas perdidas de Israel. Por eso, seguir en el vagón no lo entendía yo como quedarse en la comodidad de la vida burguesa-cristiana, sino optar por el Jesús del evangelio. Utilizar la imagen con otro sentido es también igualmente sugerente.
    Me dice que usted es cubano. Interesante. De la treintena de catecúmenos que el otro día se reunieron con el arzobispo de Barcelona, tres eran de cuba precisamente. ¿Tiene eso algún significado? Quizás, cuando el régimen se replantea a sí mismo tiempo después del fin del apoyo de la antigua URSS, y del cambio de rumbo de la política económica China; quizás en esos momentos de incertidumbre, la gente vuelve a la Iglesia como «moneda refugio», como el oro en la crisis del euro.

  5. Es enriquecedor para mí poder comentar estos temas que tienen que ver con Jesús. Gracias.

    La dificultad de ver el vagón (o el Metro) como permanencia en algo que se mueve y al moverse nos mueve es precisamente el elemento heterónomo que comporta. Ya no es el seguimiento de Jesucristo que encomiendo el salir de la “permanencia” e ir a todas partes. Salir de la expectativa mesiánica judía en la que estaban instalados los/las discípulos/as y abrirse a la confrontación de sí mismo/a al proponer el mensaje del Reino a los demás pero abriendo el mismo mensaje (la visión o sueño de Pedro en Jaffo sobre los animales impuros, o la discusión sobre la obligación de circuncidarse antes de bautizarse, etc.)

    La misión instalada que asume la dirección y no se arriesga ¿es esa la auténtica metáfora del “mandamiento nuevo”?

    Hubiese preferido seguir la línea de la reflexión sobre el evangelio y la evangelización pero veo que usted prefiere dirigir la conversación hacia los tres cubanos. ¡Cuánto bien nos hiciera no llamar la atención!, pero no le retendré en la línea anterior de este breve intercambio.

    Acerca de los cubanos presentes entre el grupo que visitó al arzobispo y el significado que eso puede tener. De la experiencia del socialismo o lo que sea esto ha ocurrido en Cuba estos últimos 55 años pudiera salir otra cosa que alguien desesperado por agarrarse a algo sólido aunque solo lo sea en apariencia, pues le diría que sí.

    Esa no es la experiencia, mirada longitudinalmente, cuando se observa a los que vienen a EE UU para quedarse. Vienen más bien en actitud de reclamar derechos más que de integrarse y de crear su propio gueto más que el de abrirse. No es necesario añadir que vienen en una actitud crítica porque no obtienen rápidamente lo que creen necesitar. La mentalidad del individuo en apuros que reza para que un santo le haga el milagro.

    De treinta tres no constituyen una muestra representativa confiable. Tampoco sé cuánto durarán sin perder el impulso. Parece que ni Jesús mismo se libró de ese proceso de decantación o de prueba, de purificación si uno toma la estancia en el desierto aunque solo sea como símbolo de tal.

    Asumiendo que sí, que buscaran algo sólido donde refugiarse, tampoco uno puede ignorar que el ambiente en el que han encontrado refugio no es ya el ambiente cristiano que pareció en algún momento. Menciona usted el calificativo “catecúmenos” y no sé si lo hace en el sentido de los miembros del Camino Catecumenal fundado por Argüello que no conozco pero que sé que haya tenido encontronazos con la jerarquía católica.

    Acá es muy común ver que los cubanos recién llegados que optan por alguna religión prefieren los grupos radicales e integristas y conservadores que distan mucho de ser “patrón oro” aunque ofrezcan alguna forma de heteronomía radical. Es muy difícil encontrar un estudio longitudinal que revele cuantos de los que se adhieren saltan del vagón y cuánto tiempo después de haber subido al mismo.

    Por ejemplo los Testigos de Jehová y los Adventistas del Séptimo Día no pueden ser investigados o estudiados porque son herméticos en cuanto a revelar cifras excepto las positivas, pero sé que existen grupos de antiguos miembros que no se pueden integrar en o a grupos más abiertos porque salen tan heridos de esas experiencias de religiosidad alienante y autoritaria que solamente pueden “inventar su propia maquinaria” y ser una variación del mismo tema aunque si uno se los señala lo nieguen.

    En mi profesión, soy psicoterapeuta retirado he sido invitado a hablarles y mi observación es por lo tanto solo válida en alguna medida desde ese ángulo clínico. Impresionan por la convicción de que en efecto en su nueva situación de “ex testigo” o “ex creyente” también tienen la razón de su parte. Por ejemplo la idea de Ignacio en los EE de preguntarse cuán agradecido se está por “todo” lo recibido, no se ve siquiera como insinuación en el horizonte a lejano plazo.

    En suma, no sé responder mejor a su pregunta sobre los tres cubanos y el significado de su presencia. Si una cosa fuera posiblemente cierta es que saben que lo que ha quedado en la Isla no era una alternativa deseable.

    La crisis europea les hace pensar en irse de nuevo a otro lugar como el judío errante de la Historia. A este lado del Atlántico llegan como turistas a investigar cómo fuera posible venir y cuando se les pregunta resulta que o son ciudadanos o residentes de la UE o de algún país, cinco o seis años después de salir de Cuba. ¿No es esa búsqueda de otro cambio algo que parece precipitado demasiado cargado de inestabilidad?

  6. Josep: Cómo te enriquece nuestra conversación? Qué nos puedes decir acerca del tema? Un abrazo

  7. Efectivamente, en la imagen del vagón, lo importante es subrayar que el estar dentro no es un fin en sí mismo, sino la dirección que toma. El hacia dónde no ha de ser otro lugar más que Dios, con la ruta (Camino) trazado por Jesús. Por eso hablaba de gente que descendía para caminar o para tomar otros vagones. El camino de jesús supone dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, etc (Mt 25). Por eso no entendía el vagón como algo estático y que te protege de la intemperie. De hecho, la Iglesia o está en movimiento, o no es la de Cristo: en eterna peregrinación. El Papa Francisco me impresionó cuando dijo: «Prefiero mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma».
    Lo de los tres cubanos ciertamente no es representativo y puede ser una casualidad. Pero, me daba que pensar por si había algo de movimiento cultural de esa nación. Uno de ellos me hablaba de un amigo suyo que también había hecho un camino hacia lo religioso, pero en vez de llevarse al cristianismo le había llevado, aun sin ser de color, a la religión afro-cubana.

  8. Por cierto, catecúmeno es la palabra oficial para referirse a los que se preparan para recibir el bautismo. Es en este sentido que la utilizaba. Los kikos, precisamente porque entienden que un bautizado de pequeño no ha podido hacer el proceso de catecumenado, proponen un «camino neo-catecumenal» para que éste pueda seguirlo casi como si no estuviese bautizado. En fin, es una pedagogía para poder vivir la fe como un converso aun habiendo nacido en una familia cristiana.

  9. Creo que solamente con el razonamiento no se puede llegar al absoluto. Existen otras formas complementarias o diferentes que pueden llevarnos a Dios. La más sencilla es que Díos Lo decida.

  10. Josep: ¡Que tengas una experiencia pascual alegre, fructífera y duradera!

    Si me lo permites te pregunto algo para comprender tu último comentario. Desde luego comprenderé que no respondas si no lo deseas. Pero me ayudará a comprender.

    1. ¿A qué llamas “el Absoluto”? Noto que no le llamas “lo Absoluto”
    2. ¿Cómo llegas a la conclusión de que un tal Absoluto sea alcanzable?
    3. ¿Para qué querrá el ser humano alcanzar “el Absoluto” que de entrada no necesita para existir? (Asumiendo que el ser humano haya sido creado fuera/dentro del mismo pero ciertamente incapaz de comprenderlo, «alcanzarle», «sentirlo», «sentirse parte de él» y que el ser humano pueda auténticamente comprender el significado que afirma cuando afirma saberse «creado». Gracias anticipadamente

  11. Josep,
    ciertamente el razonamiento no llega al absoluto. El razonamiento puede decirte que no es absurdo creer en que hay algo que nos trasciende. La teología antigua ya hablaba del conocimiento natural de Dios, pero éste no llegaba mucho más que a una idea de la trascendencia. El protestantismo del XVI decía que ni siquiera era capaz de llegar a eso puesto que la razón estaba corrompida por el pecado original. Cualquier acceso a Dios pasaba por la Gracia y no por la razón.
    Hoy en día podemos decir que la vía ética (la caridad, la justicia, = Mt 25), y la vía estética (poesía, mística, liturgia, amor, etc) son vías de comunión con Dios mucho más determinantes en la vía de las personas que la vía de la razón. Pero entre las tres compensan las derivas de cada una: racionalista, juridicista y emotivista.

  12. Jaume y Josep: ¡Un abrazo a cada uno en la mañana de la Pascua!

    Jaume, Leo tu comentario a Josep y me permito entrar en vuestra conversación si me lo permiten ambos. Si no debo hacerlo, simplemente hacédmelo saber y salgo de ella.

    Me asombra la certeza con la que parece que sabes Jaume las vías para llegar a Dios porque eso implica que sabes dónde se encuentre, quién sea y cómo sea. Me asombra que Jesús, según le atribuyen las narraciones evangélicas, haya afirmado algo que ha resultado incierto.

    Por ejemplo la liturgia (en lo que llamas vía estética) que Jesús nunca conoció y que la autoridad auto-atribuida de la “jerarquía” post-constantiniana ha ido creando como un gran teatro al estilo de las religiones paganas (aunque comprendo el fondo humano común).

    ¿Puede haber otra vía que no sea lo que Ignacio definía como “en todo servir y amar”?

    Por favor explica un poco lo que afirmas a Josep que me pone a mí cabeza abajo porque me cuesta aceptar estas formulaciones teóricas que se separan o se complementan como cosas distintas o diferenciadas. ¿No se trata solamente de la “vía ética”? ¿Puede haber mayor comunidad o comunión que la que crea y celebra la amistad en cuyo contexto ocurre el “en todo amar y servir” que es la justicia del nuevo mandamiento?

    Comprenderé que no comentes si te parece que no debas o no lo desees. Un abrazo agradecido por causar mi propio cuestionarme.

  13. Apreciado contertulio,
    no tengo ninguna pretensión de hablar desde la posición del Absoluto o desde el que ha llegado al final cuando hablo de las vías, pero he intentado poner en orden y sistematizar los diversos caminos según lo que dicen las mismas religiones o los hombres religiosos.
    El camino estético no se refiere solamente a la liturgia pomposa, sino a la contemplación de la naturaleza, a la experiencia religiosa frente a la música sagrada, al ritmo poético, etc.
    Cada religión pone su acento, y el de Jesús (por no decir el cristianismo) es el del amor-caridad-donación tal como lo describe Mt 25 (porque estaba desnudo y me vestisteis…, o Jn 13 (lavatorio)
    En cualquier caso, una vía ha de acompañarse de las otras para que sea verdadera. Sin amor ya puedo dar todo mi dinero a los pobres (1 Co 12 – 13, etc. Una Verdad que acaba matando para ser defendida no puede ser camino. Una estética religiosa sin preocupación por el pobre y marginado, es decir, por el que «daba repulsión de ver» (como leíamos en Isaías estos días) tampoco es camino.

  14. Apreciado Jaume: Gracias por tu comentario en lo que al mío respecta. Lamento que hayas sentido la necesidad de comenzarlo en negativo lo cual me sugiere que haya tocado algún área de tu pensamiento o creencias que fuera vulnerable. Detesto las controversias y me apena crear alguna, lo cual fuera el caso por ese detalle que anoto al comienzo. Tampoco soy persona irrespetuosa y no fue mi intención cuestionar para atacar sino como explicaba para comprender.

    No soy teísta, me considero seguidor de Jesús pero sin pasarme a la especulación teológica o filosófica de si Dios existe o no y la divinidad de Jesús es muy posible pero no es probable. Cualquier con un poco de cultura o educación sabe que los escritos neo testamentarios han pasado toda clase de escrutinios pero de ataques también y que en el curso de su preservación fueron objeto de gran incuria y que de los manuscritos originales es muy poco lo que se preserva que sea cronológicamente auténtico.

    Quizás seas sacerdote y eso te pone en una situación diferente a la mía que soy seglar y deseo serlo y que perdí hace mucho la dependencia de la jerarquía eclesiástica en lo que respecta a lo que crea, y tú en cambio le debes obediencia.

    Antes de retirarme de la conversación me permito y espero que no te haga sentir agredido porque no es esa mi intención que afirmar algo de Dios refiriéndolo al valor de evidencia de lo que afirman las religiones o los religiosos (no solo hombres sino hombres y mujeres) reduce al Dios en el que creía Jesús a la noción de la divinidad pagana, a lo ideológico, a la fantasía de pretender que se puede hablar teológicamente no como exploración del Absoluto sino como afirmación de la noción del Absoluto que se tenga.

    Eso me descalifica como interlocutor porque quizás CiJ sea un sitio donde, para comenzar, sea un requisito asumir esa posición para mí imposible de ser teísta y quizás deba borrarme lo cual me pensaré. No quiero pertenecer falsamente a nada. Ya estoy muy viejo para eso. Desde luego CiJ no perderá nada y estoy consciente de que si me borro el único que perderá seré yo porque este sitio me ha gustado, recibo los cuadernos (también los de EIDES) y me gusta aprender de ellos.

    No soy teísta ni lo deseo ser y no soy (la otra clase opuesta de lo mismo) ateo. Los teólogos y filósofos querrán decir y creer lo que gusten. A mí solamente me queda la esperanza de que Jesús de Nazaret sea en efecto divino y de que sus promesas se cumplirán pero mucho me temo que prefiero esperar a morir para enterarme.

    Mientras tanto si me quiero colocar de su parte, como deseo y trato, no me queda más que “en todo servir y amar” y lo de conversar de las esperanzas, pero en modo alguno siento ni la necesidad ni el deseo de “saber” mucho más que lo que a mis cortas luces pueda esperar,

    Os deseo una Pascua fructífera y feliz, alegre, llena de paz y solidaridad con los pobres.

  15. apreciado amigo,
    tranquilo, en ningún momento he entendido que sus palabras eran una crítica. CiJ no es un club sino un centro de reflexión, así que hay cabida para todo tipo de debate y diálogo. Dialogamos con creyentes, no creyentes (agnósticos o ateos), gente en camino, en búsqueda, gente de otras religiones, gentes centradas en la espiritualidad y gentes centradas en temas sociales…
    A partir de nuestro debate, considero que compartimos los dos la misma línea de pensamiento, la espiritualidad ignaciana, la del «en todo amar y servir», la del «ver a Dios en todas las cosas» y la de la inseparabilidad de la fe y la justicia. Buena Pascua.

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